La Mariposa Voló

Una hermosa mariposa,

voló, tan alto voló,

subió, tan alto subió,

que lo soñado vivió,

y ante las puertas del cielo,

sorprendida se encontró.

Pensó en llamar a la puerta,

pero enseguida dudó,

¿y si allí no hubiera nadie?,

se preguntó con temor,

¿y si lo que le contaron,

tan solo fuera un rumor?

¿Y si aquí se acaba el sueño

y su vuelo terminó?

¡Moriría de dolor!

Pero al otro lado un ángel,

su pensamiento escuchó,

y aunque admiró su belleza

y su precioso color,

lo que más le gustó de ella,

fue su bonito interior,

por eso le abrió la puerta

y la mariposa entró,

y extendiendo bien sus alas,

mucho más alto voló.

 

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Tristezas cavilantes

 

Quiebro el llanto de tantos soles

llorados en do, en re, en mí.

Quemados mis ojos por los dolores

que salieron desde el centro a surgir.

Caótico despojo humano soy

que se echó junto al tronco a dormir.

A dormitar sus cuitas sin presente, 

dominado por su pasado,

herido por sus pensamientos 

como cruces alegóricas de un día nefasto

donde la fe no existe y la razón cavila entre el polvo

y la pesada carga en la cerviz.

Es tan hondo el abismo y serpenteante

que el fondo no  tiene fin.

Y cada vez más bajo; más abajo no llega el fondo

ni hay luz alguna que ayude a huir.

¿Huir? Si ya se ha huido.

Se ha dejado todo el existir.

Fantástica venda en los ojos,

cubre el rostro,

ahoga sentidos,

no deja escapar el alma, ni salida  a percibir.

Lúdico azar que determina si me voy  o me quedo

en pié de guerra a resistir.

¡No soy un guerrero!

Soy ese despojo

retazos de un humano

con un pié en la línea

del vivir o morir..Quizás un día, despierte

junto al tronco,

encontrando sentido a mi raíz.

 

A.S.

                                                                            paisaje 19                                                                                                                                                                                                       

Cosas del alma

COSAS DEL ALMA

Cuando quiero
es una forma de ocurrir el alma
cuando decido,
además de éso
es asumir el riesgo de la equivocación.

Cuando me enojo y lo expreso
es probable que haya
un interesante mensaje desde mi ego.

Cuando olvido
y recuerdo
o me arrepiento,
fantaseo,
escribo,
se supone que también estoy pensando
y cuando converso
también es una forma de ocurrir mi alma.

Me parece tan importante reconocer siempre
incluso cuando muera,
o cuando nací
o comencé a ser
en el íntimo abrazo metafísico
de un espermio de mi padre
con un óvulo de mi madre
mi gratitud por el gesto cariñoso de los dos
porque me invitaron a esta realidad,
desde los naturales códigos,
y luego me integraron en su mundo
que me hizo descubrir la vida.

Ahora, o en un vértice
de la eternidad
el alma
se despliega en el querer
se recicla en el arrepentimiento y el perdón
se alegra en el canto
o se pone a prueba en la tentación.

Pero cuando el alma ama
en esa diáfana corriente libertaria
vuelve a su raíz más profunda
y no necesita más.

E.D.A

 

* Dedicado a mi primo Manuel.

SUEÑOS EN EL VALLE

Maribel Mora Curriao

Heme aquí, apartada de mis muertos,
perdida en el Valle del Águila,
olvidada del pehuén y la montaña.

En sueños he visto
que brota sangre en mi costado
y nacen aves rapaces de mis sienes
que devoran mis manos y mi lengua.

Mas, me nacen otras manos
y otra lengua
que son devorados nuevamente
y luego nacen otras
que oculto cuidadosa
entre metawes.
Pero también son alcanzados
los metawes
y sus restos dispersados
por el valle.

Entonces me levanto y me rehago,
la misma cara, el mismo cuerpo
y el mismo corazón acongojado.

No es la muerte
quien me espanta a esta hora,
sono la distancia con las montañas.

No son los rapaces centinelas,
sino el inútil deseo
del retorno a las quebradas.

Mas, heme aquí, cuerpo y sueño
sobre este suelo baldío.

* Metawe: Pequeña vasija de greda usada para contener agua o muday
(bebida hecha de trigo o quínoa) Nota del libro.

Perrimontun, Pág 44

Poemas de Natasha Valdés

CUMPLEAÑOS

Me pongo de perfil
para recibir al tiempo.
pirueteo en la cornisa de los años
untándome de aceites,
colágenos, estrógenos,
artilugios y trazas
que batallan
contra las
patas de gallo
y a veces
contr los
gallos.

ESCONDITES

Habiéndome desaparecido,
(se temió secuestro)
anduve buscándome dentro
de la piel
sin poder encontrarme,
oues me había escondido
detrás de un suspiro
que a su vez,
se ocultó
dentro del viento
de la tarde.

DIAGONALES

En la asimétrica comisura de la urbe
abre sus pétalos el diamante
no previsto por el Alarife Gamboa.
El destino decide tomar por el atajo
para llegar a la cita siempre a tiempo.
Entonces, izquierda o cderecha,
no confundir, las calles
encaminan sus pasos al oriente
buscando el aroma a chingana
que adormeció, decimonónico,
las quintas de Ñuñoa.

Fuente: Poesía Chilena Contemporánea
Editorial Andrés Bello, Santiago / Chile
Pág 300 – 301

Silencio

Clarice Lispector

Es tan vasto el silencio de la noche en la montaña. Y tan despoblado.
En vano uno intenta trabajar para no oírlo,
pensar rápidamente para disimularlo.
O inventar un programa, frágil punto que mal nos une
al súbitamente improbable día de mañana.

Cómo superar esa paz que nos acecha.
Silencio tan grande que la desesperación tiene vergüenza.
Montañas tan altas que la desesperación tiene vergüenza.

Los oídos se afilan, la cabeza se inclina,
el cuerpo todo escucha: ningún rumor. Ningún gallo.
Cómo estar al alcance de esa profunda meditación del silencio.
De ese silencio sin memoria de palabras.

Si es muerte, cómo alcanzarla.
Es un silencio que no duerme: es insomne; inmóvil, pero insomne;
y sin fantasmas. Es terrible: sin ningún fantasma.

Inútil querer probarlo con la posibilidad
de una puerta que se abra crujiendo,
de una cortina que se abra y diga algo.
Está vacío y sin promesas.

Si por lo menos se escuchara al viento.
El viento es ira, la ira es vida. O nieve.
La nieve es muda pero deja rastro, lo emblanquece todo,
los niños ríen, los pasos resuenan y dejan huella.

Hay una continuidad que es la vida.
Pero este silencio no deja señales.
No se puede hablar del silencio como se habla de la nieve.
No se puede decir a nadie como se diría de la nieve:
¿oíste el silencio de esta noche?
El que lo escuchó, no lo dice.

La noche desciende con las pequeñas alegrías de quien enciende lámparas,
con el cansancio que tanto justifica el día.
Los niños de Berna se duermen, se cierran las últimas puertas.
Las calles brillan en las piedras del suelo y brillan ya vacías.
Y al final se apagan las luces más distantes.

Pero este primer silencio todavía no es el silencio.
Que espere, pues las hojas de los árboles todavía se acomodarán mejor,
algún paso tardío tal vez se oiga con esperanza por las escaleras.

Pero hay un momento en que del cuerpo descansado se eleva el espíritu atento, y de la tierra, la luna alta. Entonces él, el silencio, aparece.

El corazón late al reconocerlo.

Se puede pensar rápidamente en el día que pasó.
O en los amigos que pasaron y para siempre se perdieron.
Pero es inútil huir: el silencio está ahí.

Aun el sufrimiento peor, el de la amistad perdida, es sólo fuga.
Pues si al principio el silencio parece aguardar una respuesta
—cómo ardemos por ser llamados a responder—,
pronto se descubre que de ti nada exige, quizás tan sólo tu silencio.
Cuántas horas se pierden en la oscuridad
suponiendo que el silencio te juzga,
como esperamos en vano ser juzgados por Dios.
Surgen las justificaciones, trágicas justificaciones forzadas,
humildes disculpas hasta la indignidad.
Tan suave es para el ser humano mostrar al fin su indignidad
y ser perdonado con la justificación de que es un ser humano
humillado de nacimiento.

Hasta que se descubre que él ni siquiera quiere su indignidad.
Él es el silencio.

Puede intentar engañársele, también.
Se deja caer como por casualidad el libro de cabecera en el suelo.
Pero, horror, el libro cae dentro del silencio y se pierde en la muda
y quieta vorágine de éste.
¿Y si un pájaro enloquecido cantara? Esperanza inútil.
El canto apenas atravesaría como una leve flauta el silencio.

Entonces, si se tiene valor, no se lucha más.
Se entra en él, se va con él,
nosotros los únicos fantasmas de una noche en Berna.

Que entre. Que no espere el resto de la oscuridad delante de él,
sólo él mismo. Será como si estuviéramos en un navío
tan descomunalmente grande que ignoráramos estar en un navío.
Y éste navegara tan largamente
que ignoráramos que nos estamos moviendo.
Más de eso, nadie puede. Vivir en la orla de la muerte
y de las estrellas es una vibración más tensa
de lo que las venas pueden soportar.

No hay, siquiera, un hijo de astro y de mujer como intermediario piadoso.
El corazón tiene que presentarse frente a la nada sólito y sólito
latir alto en las tinieblas.
Sólo se escucha en los oídos el propio corazón.
Cuando éste se presenta completamente desnudo,
no es comunicación, es sumisión.
Además, nosotros no fuimos hechos sino para el pequeño silencio.

Si no se tiene valor, que no se entre.
Que se espere el resto de la oscuridad frente al silencio,
sólo los pies mojados por la espuma
de algo que se expande dentro de nosotros.

Que se espere. Un insoluble por otro. Uno al lado del otro,
dos cosas que no se ven en la oscuridad.
Que se espere. No el fin del silencio,
sino la ayuda bendita de un tercer elemento, la luz de la aurora.

Después, nunca más se olvida.
Es inútil intentar huir a otra ciudad.
Porque cuando menos se lo espera, se puede reconocerlo de repente.
Al atravesar la calle en medio de las bocinas de los autos.
Entre una carcajada fantasmagórica y otra.
Después de una palabra dicha. A veces, en el mismo corazón de la palabra. Los oídos se asombran,
la mirada se desvanece: helo ahí.
Y desde entonces, él es fantasma.

LA HOJA POBRE

Mi hoja de papel está aburrida

no tiene ni una sonrisa.

La pobre está tan blanca ,

que le inventaré muchas cositas.

Los colores  dejo en la mesa;

pinto ojos y nariz en las estrellas .

Cambio el marrón de los troncos

por verde color de limón,

así todos los árboles le cambian

a la hoja el corazón.

Le pongo pastos azules, lilas, rojos,

pájaros, conejos, un piojo

y pinto a mi perro, Toto .

Hago flores en los rincones

y mi hoja ya no está pobre.

¡Ahora tiene muchas cosquillas

con todas esas flores

parece una maravilla!

¡Se está muriendo de risa

ya no está vacía la pobre!

                  Ana Salas

vierness

EN TRÁNSITO

Eugenia Brito

Hundir el brazo en el acero, hasta encontrar el hueso,
violáceo. en sus astillas,
el rojo labio se abre
Una cavidad ensaya su pose vertical.

Hay un latido leve

En lo abierto del metal, esperan secretos los helechos
a la orilla del habla. Fluye en la hierba
una sombra, una antigua humedad.

Es una traducción, una frágil ceniza, la que en sigilo inicia una huella
sobre la piel inquieta.

Detrás está la piedra, el muro de la piedra
atardece
letal.

POR ESO

La manía del pasto hacia la luz
enloquece los verdes prados

Sin embargo las flores crecen de manera ordenada.
Una breve mirada     el negro pálpito

alucinados focos    enceguecen
la luz vuelca su marcha hacia el revés

Hacia atrás, hacia atrás, la lucha de las formas esgrime su reverso
las moscas se adueñan de la cal.

Son gestos, conatos de escritura, inseparables fósiles

Un anciano se derrama sobre un banco
Cae su diario caen sus letras hacia el suelo
Un insecto se posa en la nariz

Caos funde anaqueles y destroza las lenguas
Hasta la saciedad.

Hay tanto rosa por desprender que las sábanas extienden su tinta
ennegrecida.
los muros grises dejan su boquete en el silabario.

Pudo acontecer hoy, pero no fue hoy, no está segura cuando, pero csi se ve lo desaforado del ácido agujero, el verde limo, el cáliz y el agua
que borra la memoria y deja sin habla.

En el hundimiento un pétalo espera

Querrá formar un cuerpo?

Ante la ferocidad de los metales, la angustia del neón

Y el acero que viaja en punta madre?

Doblega la cerviz, anida el hueco ante el primer llamado.

Fuente: Oficio de vivir
Ed. Cuarto propio / Pág 5 – 7

Santiago / Chile / 2009

La vaca racional

Gonzalo Rojas

La vaca racional tiene los ojos de la envidia,
el cuerpo de una bella mujer y por su baba
se expresa la miseria de los hombres.

Si por fortuna un día,  nace el árbol que viene al mundo libre,
distinto de los ´çarboles que lloran su esclavitud en el paisaje.
y florece, y da fruto – natural testimonio de la naturaleza -,
la Vaca Racional palidece y murmura.

Y convoca a los puercos en su alcoba:
“Este Árbol no es un Árbol que viene asl mundo libre, les dice. No da flores ni frutos.
Este Árbol es un animal sanguinario
que no existe en el aire ni en la tierra.
Es un error visual, causado por el miedo de la noche.
No disfrutéis su sombra. No respiréis su oxígeno”.

Inpiración, nuestro tesoro

Esneda Eugenia Sierra

Inspiración, bendito tesoro,
¿de dónde provienes?
¿eres musa, un suspiro
insuflado en nuestro ser?

¿llevamos en nuestro espíritu
tu esencia? ¿O tu esencia
está en nuestro ser?

Dime, ¿nos amas,
y por qué?

“Soy una centella
que los cielos surca
bajo, cuan bólido
a buscar suspiros.

No soy tangible,
soy muy intangible,
como colmenares,
como fruta fresca,
como mil racimos,
unidos en coro
-único tesoro.

Os amo a todos,
anido en todos,
inspiro en todos,
mi esencia, mi todo”.