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Abarca en principio las diversas formas de escribir en poética.

Y SIN EMBARGO …

Una voz dice desde dentro.
¡Se acabó la fiesta!

Se levanta un clamor de manos secas
asintiendo:
“En verdad, se acabó”.

Otra voz enmudece
y otra más increpa al silencio de las manos.

La fiesta se desnuda en el vacío,
y sin embargo
florece imprevisible
mientras otros ojos y manos mutilados
visten riguroso luto.

A lo lejos un globo permanece incoloro
esperando el momento para asaltar el aire dentro de sí mismo
y reventar
con la máxima dignidad posible.

E.D.A

La mariposa

Están rompiendo las olas
en sueños de una y otra.
Y rompen desde la espuma
las alas de otra ola
siguiendo la mariposa.

Está pesada la noche
Está cargada la nube
¿Dónde siento
caer las piedrecillas?

Rodando vienen
en copos de oculta nieve
cubriendo la mariposa.

Está muriendo la estrella
¿A dónde llega el fulgor desvanecido?

Está expirando su último vuelo,
en alas de piedra y luz.

Y aquí distante,
la tierra tiembla.

¡Ay ola perdida en la roca!
¿Por qué agoniza tu espuma,
mientras canta desnuda,
la mariposa?

E.D.A

ESTOY ENAMORADA

ESTOY ENAMORADA
María Ester Rinaldi

Qué diré cuando me pregunten
-estás enamorada, Marité?
deberé callar y esconder este amor
como si fuera un pecado
o lo gritaré a los cuatro vientos
-estoy enamorada…!
y el eco lo repetirá una y mil veces
porque el amor no tiene edad
ni tiempos ni fronteras.
Me dirán que estoy loca
arrojarán piedras a mi cara
y se reirán de mi a mis espaldas.
Me condenarán por este amor
porque no es fácil amar sin ser amada.
pero acaso importa, lo amo tanto
que este amor es suficiente para ambos.

Lo amo tanto que prenderé alas
en mis brazos para llegar a él
me elevaré tan alto que las risas
no me alcanzarán ni me dolerán los golpes
Y seguiré gritando este amor
sin importarme nada….
O tal vez deba callar, guardar silencio
ir por la vida fingiendo indiferencia
-a dónde va Marité?- preguntarán
aquellos que no entienden

-Algunas veces se aleja, se desprende
del cuerpo, se eleva como si fuera
el suspiro del viento… nada puede detenerla,
acaso un gran amor
como el que espera…

Qué diré cuando me pregunten
quíén es él… tal vez es sólo un sueño
un susurro tan real que no es humano.
O de tan pensado se ha hecho carne
y de irrealidades dulces me ha colmado.
Aroma como la madera
o huele a nardo, aún no lo sé pero seguro vuela.
y se agiganta y crece sobre mí.
El… es el que me transporta
me lleva por pasajes impensados
ajenos a los ojos de aquellos que no ven…
se mete en los espacios de mi alma
y me socava el cuerpo de embeleso

-Marité, quién es él?
búscalo en los oscuros pasajes del averno
en las límpidas aguas de los cielos
donde brille una luz
donde sangre una lágrima
allí estará. Búscalo donde quieras
o imagines o esperas… no podrás alcanzarlo
tan solo si te elevas, búscalo en el ocaso
en el grito angustiado del silencio
melodías blancas de soles atrapados
te guiarán… donde la vida no duele
y el beso sobrevive a la muerte
Búscalo entre mis manos afiebradas de sueños,
en el brillo de mis ojos, en estos versos.

HE AQUÍ QUE HOY

Recolectando sombras
y sus preguntas desnudas.

Hay huellas de herradura evaporada
de tanto pisotear árboles.

En las digitales añoranzas
del acuario seco
el ojo del pez se hunde entre tinieblas.

No hay pestaña que resista
la marcha del espejismo.

¡Oíd insectos esta turbulenta nube,
contemplad en el hielo
la errática neblina del otoño!

Añoraba la nota aérea del violín
reflejada en las alas
de la ceniza.

La memoria desangra sus caminos
y las preguntas acuden desconcertadas al silencio.

He aquí que hoy
la Primavera ha muerto.

 

E.D.A

EL PROBLEMA DE LAS HUELLAS

Nadie permanece,
que yo sepa
reclamando indefinidamente una huella.

Aunque ese acto reclamatorio
se transforme en un invisible; por cuanto
la necesidad de la huella
perdió su vigencia.

Más aquí hay un enjambre de registros
y parecen huellas con nostalgia ontológica.

Por ejemplo:
Escucho nítidamente
cómo una garrapata alardea de su “territorio”
y una chicharra ríe a carcajadas.

Mientras distraído, trato de entender
los insultos de la garrapata
pasan unas hormigas cantando en una marcha:

“A buscar todo sirve,
nunca nunca descansar
todo todo por guardar”!

¿Quién quiere jugar conmigo? – replica un elefeante:

Un sapo aparece y dice
que estaría dispuesto
pero no está seguro de estar en lo “políticamente correcto.

¡Cállate estúpido!- dice la garrapata,
mientras se pasea por una oreja del burro
que, molesto, dice al elefante:

¡Tú no puedes jugar,
porque tienes las orejas demasiado grandes!

¿Quién quiere jugar conmigo? – insiste el elefante.
La garrapata lo mira indignada:
¡idiota! ¿no ves que con tu orejotas me estás dando sombra?

Pasa volando una libélula que dice al elefante:
¡yo quiero jugar contigo!

Tan feliz se siente el paquidermo, que distraído
pisa la tierra:

Epitafio:
“Aquí yace la huella de un reclamo”.

Baila María

En un puente de luz
baila María
va moviendo sus brazos
cual golondrina.

Su mirada de miel
despierta flores
que sonríen al viento
en sus canciones.

La pequeña María
gira en silencio
y la flauta detiene
un largo cuento.

Más el agua la sigue
iluminada
en burbujas alegres
que van en danza.

Un tambor va
levantando barreras
de soledad.

E.D.A

¡Ah, mi ciudad!

¡AH, MI CIUDAD!

¡Ah, mi ciudad, ¡cómo me llega tu música!
He sido para ti un viento microscópico
equipado con un parlante incoloro.

Soy explorador y peregrino
en el mantel de tu banquete.

Soy la sed del silencio
tal vez adormecido
por el tintinear de las monedas.

¡Ah, ciudad mía, ¡cómo me llega tu delirio!
Mis ojos sufren en el borde de un poema
donde tú sonríes.

El pan se abre como rostro ciudadano
y el vino… ¿dónde, díme dónde se ha perdido?

Yo no sé qué piedras lanzaron a tus copas rotas
ni cómo el agua escurre herida por las grietas del olvido.

¿Quién ha dicho que el desierto es tu morada?
¿Qué insolencia ha puesto “precio” a tu poema?

¡Ah, ciudad mía, ¡cómo siento tu delirio!
Ahora vuelo en el vientre de tus ojos
y sé que lloras.
Más también voy sintiendo la huella del rocío
y cómo riega en tus pálidos jardines.
Eso lo sé muy bien
y tú sonríes.

¡Ah, ciudad mía, acepta mi loco desvarío!

E.D.A

¿Alguien ha visto mi flor?

Cuando la nube esconde el cielo a pedazos
yo voy inquieto,
de salto en salto.

Miro a lo lejos.
El sol se deleita
brindando luz.

Yo voy atento
de flor en for.

La luna invisible sonríe
Es mediodía.
Ella está vestida de otoño.
Una niebla acaricia sus vegetales cabellos.

Un león de siete colores
brinca etéreo entre las nubes;
va siguiendo una bandada.

Es medianoche y héme aquí despierto:
¿alguien a visto mi flor?

Oigo cantar a la luna su nombre
y me consuela:

“Ella se ha ido
más allá de las estrellas”.

E.D.A

Y te sigo queriendo

Por Helio Fuentes

Si yo pudiera sembrarte
en el jardín de la vida
y luego poder regarte
con lágrimas, agua bendita
y una parte de mi sangre…
La tierra me mataría
si yo intentara arrancarte
de esa invención que fue mía.
Siento mi corazón arder
cuando a mi sombra te adhieres
y, por mucho que lo niegue,
yo me siento enloquecer
porque no sé lo que tienes
cuando te veo aparecer.
Te asemejas en mis sueños
a una libélula errante
con alas electrizantes,
un cuerpo largo y esbelto
y un volar tan elegante,
que en mi propio sueño duermo
para volver a soñarte.

Sonetos XVII y XXII

Por Helio Fuentes

SONETO XVII
La tarde lanza una lágrima fresca,
la brisa es suave, un ave recorre
el negro cielo hasta cierta torre
mas, no le deja la lluvia grotesca.

Lo intenta pero, un ala pintoresca
de su leso cuerpo, sufre un alhorre,
y cae malherido. Un niño corre,
pues ha arreciado la lluvia dantesca.

Recoge al ave con trémula mano,
le da dos besos, le seca el plumaje
e infunde a su cuerpo calor humano.

Un bello lema para un homenaje:
“Amor de niño es el más cercano
al que Dios nos cambió por nuestro ultraje. ”

SONETO XXII

No cierres, de tu mundo, la ventana,
de esta forma sabré cómo tenerte
al alcance de mis ojos, y quererte
como quieras que a ti te dé la gana.

Ya sea noche, la tarde o la mañana,
no puedo continuar sin poder verte,
es crucial para mí, el no perderte,
pues se puede volver mi alma, vana.

Te sigo adonde vas, donde tú quieras,
callando ese silencio de mi huella,
y, así evitando, niña, que me huyeras.

Te alcanzaré, si quieres, esa estrella
con tal de que no cierres tus vidrieras
y podré deducir quién es más bella.